por Rodríguez Jr.

Fugaz, F1ESTA maravillosa

28 Septiembre 2016 | 11:20 AM

Igual que todos los instantes más lindos de la vida terminan, así, no hay diversión que no acabe; incluso cuando es más emocionante que suele correr hasta con la mayor de las prisas.

Por eso, hay que darse el gusto de aprehender la dicha, y de regalarse lo mejor. Éste, es uno de los misterios y los encantos de la existencia.

Queda demostrado de manera tácita, al traer al presente el recuerdo de Ricardo Rodríguez de la Vega.

Tal vez México nunca llegue a ver de nuevo a un fenómeno deportivo de sus magnitudes y su peso específico. En especial, por aquello que pudo ser… El conocedor y también la afición son muy perspicaces, y saben a la perfección cuando aparece uno sin igual. No tienen duda de convertirlo en ídolo.

Mil cosas se han contado y se seguirán diciendo alrededor de uno de los mitos geniales de la velocidad de la más alta gama: la FORMULA 1. pasan los años y los amantes del vértigo en Italia, o en Inglaterra y también en Francia se lo preguntan ¿qué fue del menor de los Rodríguez?

Los mexicanos no nos olvidamos tampoco de Ricardo. Más que nada, porque no ha habido otro piloto que nos traiga las delicias que prometió él con sus actuaciones; sin dejar de lado que Pedro su hermano mayor, obsequió a sus seguidores algo enorme ; ni se diga en los coches sport en los cuales fue el mejor del mundo. Pero en la liga más exquisita, sólo heredó dos triunfos (en Sudáfrica en 1967 y en Bélgica en 1970) que dejan todavía bien abierta la puerta con ansiedad, porque su público quiere más, necesita más.

Recordando que Ricardo nació el 14 de febrero de 1942 en la Ciudad de México y que dejó impresa su huella muy honda por las pistas del país, gracias a aquellas exhibiciones escalofríantees por la audacia, la intrepidez y manejo tan hábil. Muy brillante por su modo de pisar el acelerador como si no hubiese límite. Un fuera de serie.

Participó sólo en 5 Grandes Premios: el de Italia en 1961; también en ese año en los de Holanda, Bélgica y Alemania. Por fin, otra vez en Monza, un año después; siempre conduciendo para Ferrari y haciendo compañía a muy grandes ases como: Phil Hill, Giancarlo Baghetti, Lorenzo Bandini, Wolfgang von Trips, Willie Mairesse o Richie Ginther.

Lo más notable era que conducía al parejo de estos señorones, en autos iguales. Tanto así, que en “el templo de la velocidad” se hizo con el segundo lugar en las calificaciones, quedando a una décima de segundo del mejor.

Viene entonces a colación decir del autódromo que lleva su nombre y el de su hermano. Precisamente, por lo que hicieron en el deporte de los autos a toda prisa.

Como continuación de esa historia de la gran velocidad mexicana que se había iniciado con las Carreras Panamericanas, seguía la etapa –en la década de los años sesenta– ya con la FORMULA 1 a plenitud. Por entonces, fue cuando se rubricó lo esencial para que detonara el verdadero amor y la pasión por los autos que van a velocidad furiosa.

En la fecha del primer GP en nuestro suelo, en una carrera de exhibición que tendría por objeto dar de alta a México para hospedar estas magnificas funciones, sucede lo funesto. Durante los ensayos ensayos para ese Grand Prix inaugural: el día 1º de noviembre de 1962 se mata Ricardo Rodríguez. Un día más tarde, en la fiesta de los muertos, lo estaban velando.

Nace así y con marca indeleble, muy a la mexicana por cierto, nuestra real epopeya sobre cuatro ruedas. Él la escribió con su muerte tan prematura, contando apenas los 19 años. Así el primer capítulo de la historia de las carreras más importantes de siempre, quedaba cerrado.

Dados a convertir la tragedia en F1esta, así lo haremos otra vez en su honor.

¡Y qué mejor manera de rendirle tributo!

En tanto que ocurre con tanta fugacidad lo mejor de la vida, no está por demás recordarte que en la carrera del 30 de octubre que ya viene, se desempeñarán los autos a más de 340 kilómetros por hora. Todo pasa. Como si volara. Pasa.

Tú, no debes faltar, porque esto se va con una rapidez fabulosa. Y es de lo más cierto, pasa.

Nada más tú puedes detener por un instante el deleite ¡No dejes ir la oportunidad!

 

Fotos: 

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