por Jefe de Escudería

LA TECNOLOGÍA DE LA FORMULA 1® Y EL CUIDADO DEL MEDIO AMBIENTE

03 Junio 2016 | 11:37 AM

Como si fuera una paradoja casi indiscutible tecnología y ecología son, la más de las veces, polos opuestos. La técnica, obliga a buscar soluciones y está sujeta a una ley moral, más que a una regla de la física: la ley del menor esfuerzo.

La técnica vuelta cosa científica, esto que es la tecnología: busca por encima de todo, facilitar al ser humano sus tareas. “Que me den una palanca para mover al mundo”, dijo Arquímedes 200 años antes de Cristo. Y apenas es reciente, la idea que se tiene de que, al mundo no hay que moverlo, sino dejarlo que se mueva solo.

Para el tema que nos ocupa, comenzamos con el invento de la rueda, que fue parteaguas en el desarrollo de la humanidad y después aprendimos a controlar el fuego. El automóvil es sobre todo eso: ruedas y combustión. Desprendimiento de gases. Contaminación.

A muy pocos, no les quedará claro que algo es lo que sobra en el planeta, coches.

Los vehículos, ahora lo sabemos a ciencia cierta: son una calamidad.

Es muy tarde para retroceder y prescindir de los avances tecnológicos. Nadie va querer regresar a montar caballos, burros o camellos para ir al trabajo, para llevar a los hijos a la escuela. Ni quien piense ir a Europa, en un barco de vela.

La industria de los aparatos automotrices tiene un reto mayúsculo que no se va a resolver haciendo trucos en la medición de los gases emitidos, sino reduciendo las emisiones. Y poco a poco, cada actividad tendrá que buscar senderos, para sin dar marcha en retroceso: localizar el avance sin dañar más, y luego, ir regresando a un mundo más habitable.

Cada quien se tiene que amarrar los cinturones, que por cierto comenzaron a usarse en transportes terrestres, gracias a la FORMULA 1® desde el final de la década de los años de 1950. E igual, los espejos para ver en la parte trasera de los autos. Los frenos de disco. Las suspensiones inteligentes, las transmisiones electrónicas. Los aceleradores sin cables o líneas de metal.

Parecerá muy ingenuo, pero no lo es tanto.

La FORMULA 1® no sólo es el espectáculo y el negocio de los coches de carreras. No nada más tiene que ver con la difusión de cada una de sus pruebas. También, tiene su brazo legal o legislativo que es de un endemoniado refinamiento.

Hay un organismo que se llama la Federación Internacional del Automóvil, que tiene más leyes y reglamentos que cualquier constitución de un Estado. La FIA, tiene como objeto regular cada parte y todas, de las que se interesan o afectan a la FORMULA 1®.

Ha hecho campañas para que se conduzcan los autos, en todo el globo, cada vez, con mayor responsabilidad. Es cierto que no puede hacer más de lo que hace la ONU al respecto. Pero en los intentos, se la van a jugar.

Este organismo mundial y con fuerza ejecutiva por sí mismo, está trabajando para que mejore la atención y el cuidado del medio ambiente. Con recelos y corajes del aficionado, que sin quererlo quizás, busca más velocidad, más potencia y más decibeles, hasta lo imposible.

La FIA ha venido imponiendo directrices y normas para que la FORMULA 1®.mejore en el cuidado del mundo. Las unidades de potencia híbridas, que hoy se usan, es resultado de eso mismo. Baterías más amigables que rescatan el aire sobrante de los motores turbo; otras, que guardan la energía de las frenadas y las convierten en potencia. Son apenas unos pasos.

Paralelamente, viene trabajando en la alternativa eléctrica que no acaba de encajar, pero que todo el mundo sospecha que hacia allá es el camino a seguir y el objetivo final.

La paradoja estriba precisamente, en que el público quiere más volumen, más sobrante de músculo. En pocas palabras, la FORMULA 1® encontrará la fórmula, porque es un laboratorio muy inteligente que ve hacia el futuro.

El gran problema del descuido del medio ambiente, es un acto de barbarie del ser humano. Pero “aquí nos tocó vivir” y más nos vale arremangarnos la camisa y colaborar. No esperar a que los pilotos y los bólidos hagan todo, solitos.

Y en ello, debemos de ocuparnos todos.

Mercedes Benz, Renault, FIAT, Ferrari, Chrysler y Honda entre otras menos evidentes: tienen por fuerza que voltear a ver lo que sus clientes van a pedir. Por décadas pidieron más coches. En América, más grandes. En Europa más “economizadores” y maniobrables.

Debe de seguir, que el público les pida carros más “inteligentes” y que ensucien menos el aire. Y eso tendrán que hacer, porque su mandato es comercializarlos. Para hacerlo bien: hay que darle total satisfacción al comprador. Irremediablemente.

Por necesidad voltearán a ver a la FORMULA 1® y a inspirarse en ella, porque es un espectáculo que llega a cientos de millones de televidentes varias veces al año. Produce placer y pasión, pero asimismo, jala y genera mucha información. Las tendencias, las adivina antes que otros. Porque la F1 es un laboratorio natural de investigación y desarrollo.

Tiene a docenas de científicos de lo más selectos en el mundo y a tecnólogos, que ganan prestaciones envidiables, nada más para estar discurriendo resolver “lo que viene”. Las nuevas combinaciones de componentes, la búsqueda de materiales que eran impensables, en esta era.

La FORMULA 1® anda detrás de elementos más resistentes, más ligeros, más fáciles de moldear y que al final: resulten más factibles.

El fierro, el acero, el aluminio y los metales pesados, fueron dejando paso a los compuestos de carbón.

Se ha buscado más eficacia y eficiencia. Elastómeros, hules, cauchos insólitos, neopreno, kevlar, teflón, cerámica, acrílicos, dacrón, otras decenas de plásticos de densidades inusitadas, así como una infinidad de nuevos metales, basados en elementos de la tabla periódica que antes ni se usaban, como el titanio, el cadmio, el níquel. Además en aleaciones, casi inverosímiles. La alquimia de lo más avanzado.

Por eso los coches cuando se impactan, no explotan. La carga de gasolina va en pequeños riñones, en varias partes de su configuración. Estos recipientes y sus conductos, son prácticamente irrompibles y llevan dos o tres capas muy delgadas como camisas, pero de una dureza y flexibilidad extrema que los blindan; con compuertas y válvulas que se antojan como de fanta-ciencia. Pero son ciertas y probadas.

Después, van a dar a los coches de la calle que usamos todos los días, incluyendo a los científicos y mecánicos de la F1.

La prueba cumbre del desarrollo y el cuidado de los semejantes a la que ha llegado la F1, se puede apreciar en “la cápsula de súper vivencia”. Un enrejado invisible que rodea al piloto por los cuatro costados. De tal manera que al colisionar, el auto se va desbaratando, sin alcanzar a transmitir todas las ondas de fuerza del golpe, que van a llegar aminoradas al cuerpo del ser vivo.

Un accidente tremendo que sufrió Alonso en su McLaren, en Australia este año, era mortal por necesidad. El coche quedó como desecho, a un lado de la pista, un montón de objetos apachurrados y despanzurrados: de los que el piloto salió ileso, desde dentro de la cabina. No fue ningún milagro. Estaba probado y comprobado que así se iba a comportar el vehículo al desintegrarse. Y que la seguridad del pasajero era lo central.

Esos mismos cuidados se tienen y se van a seguir teniendo, porque el espíritu último de la FORMULA 1® , no es sólo “aspiracional” como se la llama. Es verdad pura y dura.

 

Comentarios