por Rodríguez Jr.

ASÍ SE LLEGA A LA GRAN F1ESTA

11 Octubre 2016 | 05:33 PM

ASÍ SE LLEGA A LA GRAN F1ESTA

Para nadie será un secreto, porque está ya develada la cuestión que explica cómo se ha encadenado la historia para arribar a este punto tan interesante, que es la época actual de las carreras de autos con el mayor calado que jamás había visto la historia.

En pocas frases la saga dio principio con la legendaria Carrera Panamericana, en su primera época,   y entre una de ellas: la de 1953, fue en la cual Felice Bonetto ofrendó su vida, montado en un Lancia prodigioso. Así, éste, ha sido el primer eslabón firmado con un pasaje a la inmortalidad.

No podía ser de otra manera: entonces, es cuando llega la primera etapa de carreras al autódromo conocido entonces como el de la Magdalena Mixhuca, para que vuelva a ocurrir el llamado fatal y propiciatorio, ahora será Ricardo Rodríguez quien consagra para siempre el ritual de la alta velocidad.

Nueve años después, el embajador del automovilismo deportivo más grande que ha tenido México, parte para siempre: es Pedro Rodríguez que se mata en un Ferrari, en Alemania, en el año de 1971. Él participó en todos los Grandes Premios de la era inicial, entre 1963 y 1970.

En cambio Moisés Solana, tomó parte en sólo seis; y era a la sazón, el tercer grande del pilotaje en nuestro país. Lo mismo que los hermanos Rodríguez: muere a bordo de un coche de carreras, si bien, en 1969.

¿Por qué los comentarios aparentemente siniestros alrededor de lo que es una fiesta? Ya estaba dicho, el mexicano y la mexicanidad tenemos como una de nuestras conmemoraciones más bulliciosas al día de los difuntos.

Muy al margen de la psicología y la antropología social que explica la atracción que nos engancha, por el desenlace final: vale la pena tomar nota de que, la partida de Ricardo Rodríguez ocurre el día previo al dos de noviembre y de que, la carrera de Fórmula 1 del año pasado en la Ciudad de México, así como la del presente: se celebran muy cerca de tal jornada, no tanto funesta, sino celebratoria. En el día de los muertos.

Viendo más allá de la coincidencia en sí, es que viene al caso matizar lo que subyace en las competiciones hermanadas con el vértigo…

…No se trata de la victoria en sí misma,  aunque es su motivo esencial. Tampoco, es cosa nada más del glamour y la admiración que provocan pilotos y coches, que también es muy importante.

Bien que conviene descubrir, sin que sea del todo morboso, que hay en el fondo un factor sorpresa; ya que en cualquier día, de la manera menos pensada: una carrera envuelve el sacrificio, la pena y la tragedia.

Si las carreras de autos no tuvieran como trasfondo la fatalidad, no serían lo que son. Si el protagonista no asume riesgos inauditos, pierden su encanto los enfrentamientos a toda velocidad. El sino más profundo de la Fórmula 1, es: la heroicidad. La redención que realiza un ídolo del pilotaje, a nombre de sus fans.

Todo para volver a los Grandes Previos en una etapa anterior a la actual y que con ella, todavía fragua más el encanto, la dilección del mexicano por estas épicas sobre cuatro ruedas.

Pues sí. Sucede que la F1 regresa a tierras mexicanas entre 1986 y 1992. Una etapa en que la admiración se vuelca por enormes ases del volante de la nueva horneada, la de aquellos tiempos:  Alan JonesKeke RosbergNelson PiquetGerhard BergerAndrea de CesarisMichele Alboreto o, Stefan Johansson. Pero muy en especial el León Británico, Nigel Mansell. Y también, el más cerebral de cuantos ha habido en las pistas, Alain Prost.

Sin embargo, por encima de todos, uno, en el que se buscó a quien rendir pleitesía aunque no fuera precisamente tricolor, pero bien que era en parte nuestro, por ser brasileño: Ayrton Senna. El más reciente y enorme ídolo de los mexicanos y del mundo, que también pasa por el estado de embriaguez de querer ser para siempre, él, y queda tendido en una pista. Ha sido en 1994.

Entonces así es que, muy al margen de los grandes ídolos a quienes se ha admirado. La fascinación la dejan sembrada los mayores de entre los mayores, sobre el resto. Aquellos, que han tomado a fondo –como propio– el gran riesgo.

Tocar los límites imposibles, como lo hicieron en sus días: Bonetto, los hermanos Rodríguez, que luego le dieron su nombre al autódromo mexicano, y Solana así como A. Senna.

Como se podrá ver la F1 ESTA tiene su rito, un culto solemne que estaría incompleto si no se considera a sus mártires. Son ellos, quienes infunden con su legado de toda intrepidez, a los conductores de hoy.

A esos, que tú irás a admirar muy de cerca el último fin de semana de este mes.

Será una experiencia de las que siempre perduran. Ya lo verás.

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